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Francia registra un brote de gripe aviar H5N1

El Ministerio de Agricultura francés dijo el miércoles que se ha encontrado un brote de la cepa altamente patógena H5N1 de la gripe aviar en el suroeste del país.

«Un caso de gripe aviar ha sido confirmado en un vecindario en Dordogne», dijo en un comunicado.

El brote, encontrado en pollos, es el primero en Francia desde 2006, dijo a Reuters un portavoz del ministerio.

El ministro de Agricultura Stephane Le Foll pidió inmediatamente que se active el plan de actuación de emergencia nacional siguiendo normas europeas e internacionales, dijo el ministerio.

 

Fuente: Reuters

Reducir el azúcar mejora la vida de los niños en sólo 10 días

Hasta hace poco, enfermedades crónicas como hígado graso, diabetes de tipo 2, dislipidemia e hipertensión eran cosa de adultos. Pero eso cambió y hoy se presentan en los niños.

Una explicación común apunta a que la obesidad se convirtió en epidémica, y como consecuencia los niños sufren esas patologías. Un grupo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco y de Touro University pensó otra cosa. El problema no es la cantidad de calorías sino algunas calorías en particular, plantearon. Apuntaron a las calorías del azúcar, que promueve la resistencia insulínica y por ende este tipo de enfermedades, conocidas como síndrome metabólico.

Hicieron un estudio sobre 43 voluntarios de nueve a 18 años (27 de ellos latinos y 16 afroamericanos, poblaciones especialmente sensibles a la diabetes), todos obesos y con al menos un trastorno de su metabolismo, a quienes les redujeron la cantidad de azúcar de sus dietas.

«Isocaloric fructose restriction and metabolic improvement in children with obesity and metabolic syndrome» («Restricción isocalórica de la fructuosa y mejora metabólica en niños con obesidad y síndrome metabólico»), que se difundió en la publicación científica Obesity, probó que en sólo 10 días todos los patrones de salud metabólica de los niños mejoraron: la presión sanguínea, los triglicéridos, el colesterol LDL (el malo); los niveles de tolerancia a la glucosa y los de insulina circulante.

Comían las mismas calorías.

Comían el mismo porcentaje de hidratos de carbono.

La única diferencia: habían reducido su ingesta de azúcar.

Infobae dialogó con uno de los autores del trabajo, Alejandro Gugliucci, profesor de Bioquímica y decano adjunto de Investigación en Touro University sobre este trabajo que puede demostrar que, así como en el pasado cercano se ignoraban los peligros del tabaco, hoy se ignoran los del azúcar.

—¿Cómo llegaron a la idea de sacar el azúcar pero sin eliminar sus calorías vacías, sino reemplazándolas por las de otros carbohidratos complejos?

—El concepto que todos tenemos —el público en general y los médicos— es que uno engorda porque hay muchas calorías en la dieta. También sabemos que si uno come mucho azúcar, engorda. Ahora bien: si uno quiere buscar una explicación sobre el azúcar que vaya más allá de las calorías, tiene que hacer un estudio en el cual las calorías se mantengan iguales. Porque si una persona adelgaza diez kilos, todos los problemas de pre-diabetes bajan o prácticamente desaparecen. En ese caso la explicación se confunde: uno no sabe si el cambio se debe a que cambió de peso o fue porque hay algo específico en la dieta. Lo mismo pasa si se baja el nivel de carbohidratos y se mantienen las calorías: se puede pensar que el problema eran los carbohidratos en general, es lo mismo el arroz que la papa, la pasta o el azúcar.

Los resultados que asombraron a los médicos

Los investigadores analizaron primero qué comían los participantes; luego hicieron el reemplazo para que el porcentaje de macronutrientes se mantuviera idéntico en la nueva dieta, que carecía de azúcar y reemplazaba las calorías de ese carbohidrato por las del almidón. Tuvieron que tener en cuenta particularidades del grupo a estudiar: «Esta dieta para el estudio, apta para niños, incluía varias comidas procesadas, con poco o nada de azúcar, como salchichas de pavo, pizza, burritos de frijoles, chips de papas horneadas y palomitas de maíz», se lee en el artículo.

—¿Cómo fue el proceso del estudio?

—Fue un estudio más complicado —siguió el profesor Gugliucci—. Los dietistas interrogaron a cada niño y les hicieron anotar todo lo que comían durante la semana. Luego calcularon las calorías y lograron darles las mismas en total y las mismas en carbohidratos. La única diferencia fue que les bajamos la cantidad de azúcar casi tres veces. Para eso aumentamos las calorías en forma de otros carbohidratos, también comida procesada: se les sacaron las galletas dulces y se les pusieron bagels. Se le sacaron los jugos de naranja y de manzana y las bebidas refrescantes azucaradas.

—¿Por qué se estableció una meta de 10 días para el experimento?

—Por varias razones. Una, económica: son estudios muy caros. A los niños se les dio toda la alimentación controlada, preparada en una cocina metabólica en la Universidad de California. Otra: hay un estudio previo de Touro University también —del cual yo no participé— que mostró que alcanzaba con dos semanas de cambio en la cantidad de fructuosa en la dieta para que los parámetros subieran o bajaran en adultos. Por último, cambiarle la dieta a un niño —sacarle los refrescos, el jugo, las galletas dulces— es complicado: el sufrimiento del niño es muy difícil de sostener por más de 10 días.

Gugliucci y el resto del equipo debieron sufrir bastante más tiempo hasta saber si esos 10 días bastarían para dar resultados confiables. «Tuvimos la preocupación de que acaso nada saliera» dijo, «porque estos estudios se hacen en doble ciego: los médicos ven al niño pero luego las muestras del niño van a laboratorios diferentes con números, sin nombres». Los investigadores no podían saber si una muestra correspondía al día uno al día 10 de la dieta y, por supuesto, nada sobre la identidad del niño. «No supimos los resultados hasta cuatro años y medio después, no pudimos tener resultados preliminares. Todo fue muy controlado. Al fin los conocimos y nos asombramos de la potencia de los cambios».

El que destacó el profesor: «La insulina les bajó alrededor de un 40% en 10 días nada más».

La importancia del dato es capital no sólo ante la actual epidemia de diabetes, sino porque al menos la quinta parte de las personas tienen genes prevalentes que los van a hacer diabéticos si la dieta se los permite.

En los Estados Unidos los niños consumen cuatro veces más azúcar que lo que se considera un límite saludable, con consecuencias como la hiperactividad en las escuelas. Sin embargo, el problema dominante a nivel nacional es el que abordaron los investigadores que dirigió el médicoRobert Lustig, profesor del Departamento de Pediatría de la Universidad de California en San Francisco y endocrinólogo infantil en el hospital de niños de la institución: la obesidad y, sobre todo, los trastornos metabólicos. Y más allá de los Estados Unidos: en países como India, Pakistán y China la diabetes de tipo 2 tiene mucha presencia sin que prevalezca la obesidad. «Eso sugiere que las calorías en sí no explican el fenómeno», escribieron en el artículo que presentó el experimento.

La explicación se orientó al azúcar porque se metaboliza por el hígado, lo que aumenta la resistencia a la insulina y potencia el riesgo de diabetes, enfermedad coronaria y problemas hepáticos, además de interferir el sentimiento de saciedad.

LOS NIÑOS EN EEUU CONSUMEN 40 CUCHARADITAS DE TÉ POR DÍA DE AZÚCAR Y LO RECOMENDADO SON 10

La restricción del azúcar mejoró todos los parámetros metabólicos en los niños estudiados: en sólo 10 días redujeron la presión sanguínea, los triglicéridos y el colesterol; también mejoraron la tolerancia a la glucosa y el problema de la hiperinsulinemia. «Esta es la primera gran evidencia de que el factor es el azúcar, no las calorías: eso es lo más importante de este estudio», sintetizó el profesor Gugliucci.

—¿Cuáles son las consecuencias de ese hallazgo?

—Las calorías totales son importantes, claro, pero si es el azúcar solo, es más fácil de controlar que si son las calorías totales. Este hallazgo es de gran importancia en salud pública porque la epidemia de diabetes en el niño —que se corrió en los últimos veinte años de los adultos a los niños— transforma a ese niño que ya es gordito en una persona que será una víctima de su insulina, y lo único que hará es engordar más: cuanto más insulina hay, más comida se quiere, y el cerebro menos atiende a la razón del tejido adiposo que indica que hay que dejar de comer.Estos niños no sólo tendrán una vida más corta sino que van a tener una serie de complicaciones que antes las veíamos cuando llegábamos a los 65 o 70 años, y si ellos empiezan veinte o treinta años antes, las tendrán igualmente antes. Son vidas que se acortan, son enormes sufrimientos familiares.

—¿Y desde el punto de vista de la salud pública?

—Son gastos enormes para el sistema de salud, que se va a romper. Porque si bien la epidemia de obesidad va ligada a la epidemia de diabetes, la de diabetes avanza un 30% más rápido. Están ligadas pero hay una que tiene otra explicación. Pensamos que es el increíble consumo de azúcar. Los niños en este país consumen 40 cucharaditas de té por día de azúcar y lo recomendado son 10, y hay gente que dice que sólo seis. Si pudiéramos sacarles eso, es muy probable que en pocos años empecemos a ver que, por lo menos la epidemia de diabetes, va a alcanzar un tope y después va a ir para atrás.

El estudio tiene otra importancia potencial. Décadas atrás la industria tabacalera negaba las asociaciones entre el consumo de cigarrillos y cánceres como el de pulmón o el de páncreas. Fueron necesarios muchos estudios científicos para que las autoridades sanitarias intervinieran en el asunto, mientras mucha gente perdió calidad de vida, y la vida misma. Algo así podría suceder con el azúcar en el porvenir, acaso no demasiado lejano.

«Este es un estudio», dijo el profesor de Touro University. «Y no hay nada en ciencia que se pueda considerar un axioma hasta que no esté comprobado por un equipo independiente. Nosotros casi tenemos la contraprueba: recientemente una colega nuestra, en la Universidad de Davis, hizo un estudio muy parecido pero al revés: a sus estudiantes, adultos jóvenes, les agregó a la dieta un vaso grande por día de una bebida azucarada o de su equivalente sin azúcar. Y los dejó comer lo mismo. Los estudió durante dos semanas y encontró el calco, pero invertido, de lo que encontramos nosotros en los niños. Es decir que si uno agrega azúcar se va para un lado malo, y si se la saca se va para un lado bueno.

Fuente: Infobae.com

Probablemente tienes herpes, dice la OMS

Dos tercios de la población mundial menor de 50 años tiene el muy infeccioso virus del herpes que causa úlceras en la boca, dijo la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su primera estimación de la frecuencia de la enfermedad.

Más de 3.700 millones de personas menores de 50 años sufren herpes simple del virus tipo 1 (HSV-1), usualmente tras contraerlo en la niñez, según el estudio de la OMS.

A esa cifra se suman 417 millones de personas entre 17 y 49 años que tienen la otra variedad de la enfermedad, HSV-2, que causa herpes genital.

HSV-1 normalmente causa úlceras más que infecciones genitales, pero se está convirtiendo cada vez más en una fuente de infecciones genitales, especialmente en países ricos.

La situación ocurre porque una mejor higiene en los países ricos ha bajado las tasas de infección con HSV-1 en la niñez, dejando a los más jóvenes más expuestos a contraerlo a través del sexo oral cuando inician una vida sexual activa.

HSV-2 puede incrementar el riesgo de contraer y contagiar el HIV, el virus que causa el SIDA. Si bien poco se sabe de los vínculos entre HSV-1 y el HIV/SIDA, pero sí puede provocar otras complicaciones graves como la encefalitis.

«De verdad necesitamos acelerar el desarrollo de vacunas contra el virus del herpes simple, y si se diseña un vacuna que además de prevenir el HSV-2 también prevenga el HSV-1, tendría beneficios de muy amplios», dijo Sami Gottlieb, un funcionario médico de la OMS.

 

Fuente: Reuters

Cuánto hay que correr para quemar las calorías de una hamburguesa

El hábito de consumir comida rápida está instalado en la mayoría de los países del mundo, más que nada en los occidentales. Sin embargo, son cada vez más las personas que apuestan a una vida más sana.
En esta parte del planeta, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), la venta de alimentos procesados de manera industrial aumentaron durante los últimos 13 años en todo América Latina, menos en Argentina. El informe reveló que las tasas de crecimiento superior se observaron en Perú (107%), Bolivia (129,8%) y Uruguay (146,4%), mientras que en el país cayó un 4,4%.
Sin embargo, miles de personas acuden a este tipo de alimentos de manera diaria por falta de tiempo en su agenda cotidiana.

¿Cuántas calorías tiene un combo promedio?

Una hamburguesa, con papas medianas y un refresco mediano de una casa de comida rápida suman 989 calorías entre los tres. Un combo pequeño llega a 699, si se opta por una gaseosa libre de calorías.

¿Cuánto ejercicio se debe hacer para quemar un combo?

Los especialistas en nutrición de la Universidad de Harvard aseguran que correr durante media hora a un ritmo moderado (1 kilómetro cada 7,5 minutos) quema alrededor de 300 calorías.
O sea, que para eliminar del sistema un combo grande (mil calorías) se debe correr durante una hora y 40 minutos (13,3 kilómetros), andar en bicicleta fija a un ritmo moderado por más de cinco horas o por tres si es a una intensidad alta.
Para erradicar uno pequeño (700 calorías) se debería correr aproximadamente una hora y 10 minutos (9,3 kilómetros), un poco más de dos horas de bici a toda potencia o, por qué no, bailar por casi siete horas.
Fuente: Infobae

¿Que sucede si no ingieres azúcar durante un mes?

Cansancio, mal humor, incluso una especie de síndrome de abstinencia.

Es lo que siente Sacha Harland, un holandés de 22 años, cuando comienza su experimento.

Debe pasar un mes sin consumir productos que tengan azúcar añadido, alcohol y comida chatarra, y en los primeros días el reto le parece enorme.

Así lo cuenta en la primera parte de Guy gives up added sugar and alcohol for 1 month (Un tipo deja el azúcar añadido por un mes), el último documental de la productora holandesa LifeHunters.

En su primera semana a base de jugos naturales, fruta, verdura y otros alimentos no procesados, Harland pasa hambre constantemente y se siente falto de energía.

Además, se muere de envidia cuando un compañero disfruta de una pizza mientras él se conforma con una ensalada.

En el cine tiene que renunciar a las palomitas dulces y al refresco, y la única opción sin azúcar que encuentra es un botellín de agua.

Eso, la escasez de opciones, es algo con lo que se encuentra constantemente.

Y es que hasta los productos que no son considerados dulces, como las papas fritas, la salsa de tomate industrial o las sopas de supermercado, tienen sacarosa.

«Una sorpresa agradable»

«Lo más difícil fue pasar la primera semana y media. Tenía que buscar qué podía comer y qué no, y fue complicado», le confirma a BBC Mundo.

«Aunque después me fui acostumbrando» a leer etiquetas, añade.

Pero además de habituarse a su nueva rutina alimenticia, el documental cuenta que a los 25 días de dieta comienza a sentir los beneficios.

Él mismo lo relata a cámara: «La última semana (del experimento) está a punto de terminar y me levanto con más facilidad y tengo más energía».

«Ha sido una sorpresa agradable, ya que no pensaba que físicamente me sentiría tan diferente», añade.

Además, una médico deportiva le confirma que su sensación se corresponde a un cambio real en su cuerpo.

Tras someterlo a varias pruebas, le informa que perdió cuatro kilos, que su colesterol se redujo en un 8% y que su presión sanguínea es 10 puntos menor que cuando inició el proceso.

«Ya que cada vez es más difícil comer alimentos saludables, queríamos saber cómo se siente una persona que renuncia al azúcar, el alcohol y los aditivos durante un mes, y también cómo influye esa decisión en su cuerpo y sus condiciones físicas», dice a Erik Hensel, uno de los responsables de LifeHunters, a BBC Mundo.

El video que recoge el proceso cuenta ya con más de cuatro millones de visitas en YouTube, tantos como logró el anterior proyecto de la productora, un video en el que hacían pasar los productos de la cadena de comida McDonald’s por comida ecológica en una feria gastronómica.

¿Pero qué respaldo científico tiene lo que cuenta el último documental de LifeHunters?

¿Cualquiera que dejara de tomar azúcar, alcohol y comida chatarra experimentaría los mismos cambios que su protagonista, Sacha Harland?

BBC Mundo se lo preguntó a dos especialistas.

Menos del 5% de calorías diarias

«Depende de la cantidad de azúcar y alcohol que consuma antes de someterse a la dieta», dice Samuel Durán, el presidente del Colegio de Nutricionistas de Chile a BBC Mundo.

«Sería raro que alguien que consuma una cantidad normal sintiera esos cambios», explica.

Según la Organización Mundial de la Salud, esa cantidad normal diaria de azúcar, la que permitiría cumplir con «una dieta sana óptima», debería ser el equivalente a un 5% del total de calorías ingeridas.

Y en su defecto, no más del 10%.

Esta es la recomendación de la OMS para una persona adulta que consuma aproximadamente 2.000 calorías al día.

Siguiendo la recomendación del 10%, sería un máximo de 50 gramos de azúcar al día, equivalente a unas 12 cucharaditas.

Siguiendo la recomendación del 5% para una dieta óptima y un bienestar adicional, serían 25 gramos al día o 6 cucharaditas de azúcar.

Un consumo superior podría llevar a desajustar los mecanismos de regulación que permiten al cuerpo almacenar y «quemar» los azúcares simples.

«Así que alquien cuyo consumo de calorías por azúcar sea superior al 20% de calorías diarias podría sentir mareos, temblores, transpiración o una ligera cefalea», explica Durán.

«Pero sería alguien que lleva todo el día tomando café con muchas cucharadas de azúcar y jugos embotellados», aclara.

«Lo más probable es no tener las sensaciones» del joven del documental, cree el experto.

Por su parte, Eduard Baladía, coordinador de la revista de Evidencia Científica y miembro de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas, es más tajante.

«Además, no es un estudio controlado, porque no toma en cuenta otros factores (que no sean el cambio en el consumo de azúcares añadidos, alcohol y productos con aditivos) o modificaciones que pudo haber hecho el sujeto consciente o inconscientemente, como por ejemplo aumentar el nivel de ejercicio», aclara el experto.

«Por eso, como investigación no tiene ningún rigor y por tanto ninguna credibilidad», sentencia.

«Eso sí, desde la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas estamos totalmente de acuerdo en que hay que limitar el consumo de azúcar añadido a menos del equivalente del 10% de la ingesta calórica diaria», aclara.

E insiste en que esa recomendación se basa en investigaciones científicas rigurosas en las que se ha observado a miles de personas.

Por su parte, el protagonista del documental, el holandés Sacha Harland asegura que seguirá la recomendación, pero «sin obsesionarse».

«He decidido buscar un equilibrio entre los azúcares y los alimentos sanos, ya que optar por un lado u otro te puede hacer realmente infeliz», reconoce.

«Esa fue mi conclusión del experimento».

 

Fuente: BBC

El picante, ¿bueno o malo para la salud?

Los hay de todo tipo e intensidad. Los que dan un toque de sazón al paladar y los que te quitan la respiración y te hacen llorar.

Durante miles de año el ají picante, los chiles, jalapeños, o la pimienta han sido parte de ese placer culinario y masoquista de los humanos, únicos mamíferos en consumirlo, dividiéndonos entre quienes los consumimos y quiénes no.

Ahora, más allá de su sabor, hay razones médicas que apuntan a que el picante puede convertirse en nuestro mejor aliado. Pero, ¿por qué?

Te hiere, te cura

Paul Bosland, de la Universidad del Estado de Nuevo México, en Estados Unidos, cuenta que hace 20.000 años, cuando el hombre llegó al hemisferio occidental, se encontró con una planta que le producía dolor.

«La planta –el ají- los afectaba, pero se propusieron domesticarla porque le encontraron utilidad, y creo que fue para fines medicinales», relata Bosland.

Pero ese poder para sanar, se contrasta con el potencial para producir lesiones, y eso ha generado históricos debates entre científicos, médicos y nutricionistas.

Un equipo de la Academia de Ciencias Médicas de China revisó durante varios años el comportamiento de casi 500.000 participantes de un estudio en ese país.

Encontraron que los individuos que afirmaban utilizar picante en sus comidas una o dos veces a la semana, registraban una tasa de mortalidad 10% menor que aquellos que consumían picante menos de una vez por semana.

La diferencia se amplía a medida que las personas ingieren alimentos picantes seis o siete veces a la semana.

El ají picante fue la especie más utilizada en las muestras del estudio, y quienes lo consumieron fresco disminuyeron en particular el riesgo de morir de cáncer, enfermedades coronarias y diabetes.

Lu Qi, miembro del equipo investigador y amante del picante, señala que hay muchas razones que explican estos efectos.

«Los datos obtenidos nos animan a pensar que al comer más comida picante mejoramos nuestra salud, y reducimos el riesgo de mortalidad en personas de edad avanzada», comenta.

No obstante, Qi aclara que el picante puede que no sea beneficioso para personas con problemas digestivos o úlceras estomacales.

Los secretos de ají

Para mirar dónde reside el poder del ají, córtelo y en su interior descubrirá una suerte de placenta amarilla a la cual están pegadas las semillas.

En la mayoría de las variedades de ají, en ese lugar se esconde su arma secreta: la capsaicina, un compuesto químico que genera irritación en los mamíferos.

La capsaicina se mide en la escala Scoville, una medida del picor en los chiles. Se cuenta en unidades de calor, es decir, en el número de veces que una muestra de ají seco debe ser diluida por su propio peso en agua con azúcar antes de perder su calor.

Para un pimentón verde la escala registra cero.

Pero para un ají habanero la medición oscila entre 100.000 y 350.000. La capsaicina pura alcanza una cifra de 16 millones, por lo que no se recomienda su uso ni culinario ni medicinal.

Como un arma química

Aún cuando el simple contacto con el chile Cuernos Rojos puede quemarte por completo la garganta, el extracto de capsaicina luce inodoro e incoloro, y por su intensidad está prohibido su consumo en la Unión Europea.

Así que su uso es más efectivo como arma, en el conocido formato de spray.

Desde tiempos precolombinos el ají se ha utilizado como arma. Se dice que los mayas quemaban hileras de esta planta para crear una cortina de humo que causaba irritación al entrar en contacto con ella.

Y en lo que parece ser una versión antigua del rincón del castigo, el códice azteca muestra a un padre obligando a un niño de ojos llorosos a acercarse a un hoyo con chiles encendidos.

Medicina contra el dolor

El códice azteca también muestra cómo se utilizaba para calmar el dolor de dientes, una función analgésica que se mantiene hasta nuestros días.

Joshua Tewksbury, un historiador de la Universidad de Washington, considera que la sensación de irritación que sentimos al exponernos al pimentón es un truco de la evolución.

«En realidad no estamos sufriendo una quemadura por la capsaicina, como sí la sufriríamos si tocáramos la hornilla encendida de una cocina, pero nuestro cerebro sí lo cree», dice el académico.

Además agrega que solo los mamíferos pueden tener esa sensación. Los pájaros, por ejemplo, pueden comerse los pimientos como si fueran cotufas sin sentir el ardor.

En ese sentido, Tewksbury estima que la planta evolucionó de tal manera que se hizo repelente a aquellos animales que pudieran triturar sus semillas con los dientes, e inofensiva a aquellos que podían ayudarla a esparcirlas.

También evolucionó para combatir microbios.

Esto tuvo gran relevancia en los tiempos previos a la medicina y a la refrigeración, y en especial en zonas ubicadas cerca del trópico, donde las personas eran más vulnerables a las bacterias que podían afectarlos o a sus alimentos.

El chile picante destruye o inhibe 75% de estos patógenos.

Eso puede explicar su éxito alrededor del mundo. Solo dos o tres años después de que Cristóbal Colón trajera las semillas de capsaicina que encontró en sus viajes por el Nuevo Mundo en 1493, los mercaderes portugueses la llevaron a Asia, donde terminaría por transformar el modo de cocinar.

El clima influye

En algún momento se llegó a decir que los habitantes de países con clima caluroso comían picante porque los hacía sudar, lo cual refrescaba la piel.

En 1988 investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron que en países como India, Tailandia y China, el uso de las especies tendía a ser por su condición antibacterial.

Además, las mismas eran más utilizadas en naciones cercanas al ecuador, o áreas de valles húmedos y altiplanos.

La relación del pimentón con el clima, y el riesgo presente de enfermedades infecciosas, fue más grande que sus condiciones naturales para crecer.

O como diría Tewksbury, los humanos que vivían en zonas con climas peligrosos desarrollaron un gusto por el picante que «probablemente salvó muchas vidas».

Como antioxidante

Ahora también se sabe que es una fuente de antioxidantes. Por ejemplo, 42 gramos de esta especie puede sustituir la dosis diaria de vitamina C, aunque hay que admitir que esa cantidad puede darle un sabor muy fuerte al curry.

También son ricas en vitamina A, y en minerales como hierro y potasio.

La capsaicina ha sido incluso vinculada con la pérdida de peso. Estudios realizados este año por la Universidad de Wyoming, en Estados Unidos, revelan que ratones alimentados con una dieta alta en grasas registraron una aceleración del metabolismo, logrando quemar más energía y de esta forma perder peso.

Otro experimento publicado el mes pasado y realizado por la Universidad de Adelaida, Australia, descubrió que la interacción entre la capsaicina y las paredes del estómago juegan un papel importante en la sensación de sentirnos llenos.

Sobre esa misma línea, estudios anteriores parecieran respaldar la función controladora del apetito que pudiera tener el picante.

Fuente: BBC

El Aceite de Oliva Reduce el Riesgo de Cáncer de Mama

El aceite de oliva virgen extra, afectan a un menor riesgo de tumores

Seguir una dieta mediterránea rica en aceite de oliva virgen extra puede contribuir a reducir el riesgo de cáncer de mama hasta en un 68%, según las conclusiones del último estudio llevado a cabo por la Universidad de Navarra y el Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn).

La investigación comenzó en 2003 y contó con la participación de 4,282 mujeres españolas de entre 60 y 80 años con alto riesgo de enfermedad cardiovascular. Las voluntarias fueron distribuidas en tres grupos al azar: el primero, seguiría una dieta mediterránea rica en aceite de oliva virgen extra (facilitado gratuitamente a las participantes por los investigadores); el segundo, una dieta mediterránea con frutos secos aparte del aceite de oliva (con una media de 30gramos al día de aceite o 4 cucharas soperas); y, el último grupo, seguiría una dieta basada básicamente en la reducción de grasas. El experimento se llevó a cabo durante una media de 4,8 años.

Los resultados (entrevistas, controles grupales y análisis bioquímicos) revelaron que los dos primeros grupos presentaban un riesgo dos terceras partes más bajo de sufrir cáncer de mama que el tercer grupo. “Es un hallazgo muy fuerte. Pocas veces tenemos una noticia tan agradable que dar a la sociedad”, explica Miguel Angel Martínez-González, coordinador del trabajo.

Así pues, el trabajo ha confirmado que factores dietéticos tan específicos, como en este caso el aceite de oliva virgen extra, afectan a un menor riesgo de tumores. Se trata de la primera vez que se ofrecen resultados científicos al respecto.

El estudio ha sido publicado en la revista JAMA (Journal of the American Medical Association) Internal Medicine.

Fuente: elperiodicodeutah

El sexo raramente provoca infartos

Es importante asegurar a los pacientes que no tienen que preocuparse y que pueden retomar su actividad sexual con normalidad

El sexo raramente provoca infartos y la mayoría de las personas que sufren un ataque al corazón puede retomar su actividad sexual, según un estudio divulgado este lunes por la revista estadounidense Journal of the American College of Cardiology.

Muchas de las personas que han sufrido un infarto se preguntan si es seguro practicar sexo de nuevo, una incertidumbre para la que esta investigación da respuesta: la actividad física que implica la actividad sexual es comparable con subir dos escaleras largas o dar un paseo a buen ritmo.

«Según nuestros datos, parece muy improbable que la actividad sexual sea relevante a la hora de desencadenar un ataque cardíaco», consideró en un comunicado Dietrich Rothenbacher, el investigador principal del estudio y profesor del Instituto de Epidemiología y Biometría Médica de la Universidad de Ulm (Alemania).

«Menos de la mitad de los hombres y menos de un tercio de las mujeres reciben información de sus doctores sobre actividad sexual después de un ataque al corazón. Es importante asegurar a los pacientes que no tienen que preocuparse y que pueden retomar su actividad sexual con normalidad», añadió.

Para elaborar este estudio, Rothenbacher y su equipo estudiaron las respuestas de 536 personas, de entre 30 y 70 años, que habían sufrido un infarto en un cuestionario en el que se les preguntaba por su actividad sexual en los doce meses previos al ataque.

Los científicos también evaluaron la relación entre el último encuentro sexual del paciente y el momento del infarto: solo el 0,7% tuvieron sexo una hora antes del ataque y el 78% mantuvo su última relación sexual más de un día antes del suceso. | EFE

Nuevo marcapasos inalámbrico, una alternativa no quirúrgica

Un diminuto marcapasos inalámbrico podría ofrecer a algunos pacientes de fallas cardíacas una alternativa no quirúrgica a los artefactos tradicionales, según un nuevo estudio, pero algunos médicos consideran que puede presentar algunos riesgos y advierten a los pacientes que no se precipiten a emplear la nueva tecnología.

Al contrario que los marcapasos tradicionales —que requieren un generador y cables implantados quirúrgicamente_, el nuevo marcapasos es un tubo diminuto inalámbrico que puede adosarse al costado derecho del corazón por medio de un catéter insertado por la pierna.

«Este es otro hito en el desarrollo de los marcapasos«, afirmó el doctor Christopher Granger, de la American Heart Association (Asociación Cardiológica Estadounidense), que no participó en el nuevo estudio, pero advirtió que los médicos necesitan tiempo para aprender a usar toda nueva tecnología y evitar problemas potenciales.

«Yo advertiría a los pacientes que se cuiden de ser uno de los primeros en recibirlo a menos que haya una razón poderosa», afirmó.

En la nueva investigación, médicos de Australia, Canadá y Estados Unidos implantaron el minimarcapasos a más de 500 pacientes. Después de seis meses, casi el 7% de ellos reportaron efectos secundarios, incluso orificios en el corazón causados por el artefacto. En comparación, un 10% de los pacientes que reciben los marcapasos regulares padecen complicaciones.

El estudio fue publicado en línea el domingo por la revista New England Journal of Medicine y es presentado en una reunión de la European Society of Cardiology (Sociedad Europea de Cardiología) en Londres. La investigación fue financiada por el fabricante del marcapasos, St. Jude Medical.

El marcapasos en miniatura ya fue aprobado en Europa y el nuevo estudio probablemente será presentado a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés).

Sin embargo, un estudio sobre el dispositivo en Europa fue interrumpido dos veces el año pasado y en mayo cuando se reportó un número alarmante de complicaciones, incluso un caso en que el dispositivo se desalojó y se atascó en la arteria que conduce a los pulmones. Un marcapasos similar fabricado por Medtronic también ha sido licenciado en Europa.

Mientras la mayoría de los marcapasos tienen cables que los conectan a ambos lados del corazón, el nuevo marcapasos diminuto se asienta en el ventrículo derecho y no coordina los dos hemisferios cardíacos.

Los expertos calculan que el nuevo dispositivo podría resultar hasta para un 30% de los pacientes. Además carece de algunas funciones de los marcapasos tradicionales, como registrar las irregularidades en el ritmo cardíaco. «No puede controlar a los pacientes, de modo que deben ir al hospital para revisarse», afirmó el doctor Jagmeet Singh, un vocero del American College of Cardiology (Colegio Estadounidense de Cardiología).

Fuente: panamaon.com

Nuevo tipo de cirugía puede combatir la obesidad

Un grupo de científicos ha probado con éxito en ratones una nueva técnica quirúrgica que podría llegar a sustituir a las «complicadas» e «invasivas» operaciones de reducción de estómago en humanos, publica hoy la revista británica «Nature».

Este nuevo procedimiento, desarrollado por expertos del Vanderbilt University Medical Center de Nashville (EE.UU.), consiste en desviar flujo de bilis hacia la parte final del intestino delgado -el íleon-.

El resultado sobre la pérdida de peso en roedores obesos es comparable al que ofrecen métodos más tradicionales, como la gastrectomía vertical o la cirugía bariátrica.

En esta última, que requiere una mínima incisión al ser por vía laparoscópica, se usan corchetes quirúrgicos para reducir el estómago del paciente, que se une a un asa de intestino delgado mediante el denominado by-pass gástrico.

Por contra, la gastrectomía vertical extirpa hasta el 90 por ciento del estómago del paciente y el órgano queda reducido a una especie de conducto con una capacidad de absorción aproximada de 50 a 60 gramos.

En ambos casos, el resultado es que el paciente come menos y, al mismo tiempo, absorbe menos del alimento que ha ingerido, por lo que figuran entre los métodos quirúrgicos «más efectivos» para lograr «una pérdida de peso duradera» y «revertir los síntomas de la diabetes en humanos», apuntaron los autores de la citada investigación, con el experto Naji Abumrad a la cabeza.

Estudios anteriores, recuerdan, también han demostrado que los ácidos biliares potencian los «efectos metabólicos positivos» que generan los by-pass gástricos.

Teniendo en cuenta este conocimiento, Abumrad y sus colegas conectaron la vesícula biliar de ratones obesos a diferentes partes del intestino delgado y compararon después los «beneficios metabólicos» que tuvo esta intervención con los de un by-pass durante un periodo de hasta ocho semanas.

Los expertos descubrieron que la simple inyección de flujo de ácido biliar en el íleo es suficiente para obtener efectos similares a los que generan «procedimientos quirúrgicos tradicionales más complicados».

Al parecer, esos efectos son consecuencia de una reducción en la absorción de grasa en el intestino delgado y a cambios en la microbiota o flora intestinal, según el estudio.

Aunque este nuevo procedimiento es «menos invasivo» y más sencillo desde el punto de vista técnico, los autores advierten de que su seguridad y eficacia a largo plazo no han sido aún determinados.

Además, sostienen, esta técnica podría ser inviable para pacientes obesos o diabéticos cuyas vesículas biliares han sido extirpadas para combatir los cálculos biliares.

También es aún pronto para conocer con exactitud hasta qué punto esta nueva intervención quirúrgica es reversible.

Fuente: nacion.com