MISS UNIVERSO: En Venezuela la máxima es “todo por la corona”

La representante de Venezuela, Migbelis Castellanos, buscará la octava corona para su país en la 64 edición del concurso de belleza Miss Universo 2015, a realizarse el próximo 25 de enero en la ciudad de Miami, en el estado norteamericano de Florida.

La reina de belleza local persigue además repetir el Récord Guinness obtenido en 2009 cuando la nación suramericana se convirtió en el único país en la historia del certamen en alzarse en dos ocasiones consecutivas con la corona, en posesión de las venezolanas Dayana Mendoza en 2008 y Stefanía Fernández el siguiente año.

El pasado 2013, otra concursante nacional, María Gabriela Isler, se alzó con el reconocimiento internacional al convertirse en Miss Universo durante el evento desarrollado en Rusia.

La actual competidora de Caracas, una estudiante de la carrera de Comunicación Social de 19 años de edad, tiene sobre sí la presión no sólo del concurso sino de toda una nación que se paraliza ante eventos como este y siente un gran orgullo de poseer, según la opinión de sus ciudadanos, a “las mujeres más bellas del planeta”.

Durante décadas esa ha sido una de las premisas más recurrentes en el imaginario popular venezolano, una idea que ha calado hondo en la sociedad a partir de la celebración de concursos locales y de intensas campañas comunicacionales que colocan a las reinas de belleza en la preferencia de todos.

De ahí también el florecimiento de academias como la “Universidad de la Belleza Gisselles´s”, dirigida por Gisselle Reyes, una ex concursante del Miss Venezuela 1985 y profesora de pasarela de distintos concursos nacionales.

El proyecto inició en el año 1994 por sugerencia y apoyo de Osmel Sousa, una de las figuras más reconocidas a nivel internacional en materia de concursos de belleza y presidente de la Organización Miss Venezuela.

Desde entonces la academia se ha convertido en una entrada al evento más visto cada año en el país; un lugar muy recurrido por las niñas y adolescentes de todos los estratos sociales y regiones donde están ubicadas las sedes de este instituto en su camino por alcanzar el sueño de alzarse con la corona.

Cada año decenas de chicas de todas las edades ingresan en los planteles donde les enseñan “los secretos” que se requieren conocer para ser una reina de belleza.

Desde pasarela, oratoria, maquillaje, postura, protocolo, hasta nutrición y etiqueta, son algunas de las materias que reciben las aspirantes a Miss de esta escuela de modelaje.

Niñas desde los tres años hasta jóvenes de 19, conforman la matrícula de su sede principal en Caracas, visitada por Xinhua, donde las noveles modelos compartieron sus opiniones y revelaron sus anhelos de convertirse en las mujeres más apreciadas por su país y por el mundo.

“De pequeña siempre me ha gustado y he participado en concursos de belleza. Mi mamá siempre me ha apoyado en esto y es algo que ha estado en mí. Mi sueño es llegar a ser Miss Venezuela y si puedo ser también Miss Universo”, confesó Wendy Mussi, estudiante de tercer año de bachillerato de la capital venezolana.

Para lograrlo, la joven de 15 años de edad está consciente que tiene mucho por recorrer aún, pues le han enseñado que preparación y dedicación son las dos palabras claves que marcan el destino de una Miss.

“Me encantaría aprender a caminar, a tener seguridad en mí misma, maquillarme, saber sentarme en la mesa a comer, ser prácticamente una persona bien hecha y digna de llevarme la corona a casa y para eso estoy dispuesta a todo”, expresó Wendy a Xinhua.

No obstante la aparente ingenuidad de esta afirmación, los hechos demuestran que los concursos de belleza han impuesto estereotipos en la sociedad moderna que representan a su vez una gran presión social para las féminas.

En el caso particular de esta nación suramericana, la pasión por el Miss Venezuela y el Miss Universo como cúspide de este tipo de eventos llenos de glamour, brillo y elegancia, ha llevado en los últimos años a las mujeres locales a convertir en una de sus prioridades el patrón 90-60-90 (proporciones establecidas de la figura “ideal” femenina).

Una realidad que traspasa las pantallas de televisión y encuentra cabida en las salas de operación de clínicas y hospitales, hasta el punto de ubicar a Venezuela entre los 10 países donde se efectúan más procedimientos quirúrgicos cosméticos en el mundo, sólo superado por Brasil, Estados Unidos, México, Alemania y Colombia.

Según datos oficiales de la Asociación Internacional de Cirugía Plástica (ISAPS por sus siglas en inglés), Caracas ostenta además la tasa más alta per cápita de intervenciones estéticas y en sólo dos años la cantidad de cirugías para modelar la figura de las féminas locales creció 285 por ciento, pues en 2011 se realizaron 81.158 procedimientos (unos nueve cada hora) versus los más de 231.000 de 2013 (26 por hora).

Y es que, más allá del deseo natural de agradar a los ojos propios y ajenos, durante las últimas tres décadas se ha colado en el imaginario colectivo nacional la idea de que Venezuela es el país de las mujeres más bellas del mundo y que la hermosura es otra de las riquezas patrias.

En gran parte gracias a la importancia cultural que ha ganado el Miss Venezuela, concurso que ha dejado una cosecha de siete coronas mundiales y un récord Guinness en asuntos estéticos, se ha convertido en “fábrica de reinas y mujeres exitosas” y ha fijado los patrones de “perfección física” que sirven de referencia para la sociedad.

Dichos estándares, precisamente, se basan en el auxilio del bisturí y la silicona, tal y como lo ha reconocido el presidente de esta organización, Osmel Sousa, quien manifestó en una entrevista concedida en 2012 que defendía “la cirugía a capa y espada porque es un recurso para perfeccionar la belleza”.

Una belleza que, a juzgar por sus propias decisiones en los concursos nacionales, se expresa en cuerpos altos y esbeltos, bustos pronunciados, narices perfiladas, abdómenes planos, cinturas reducidas y pómulos levantados.

Incluso es de dominio público que las “reinas” venezolanas pasan inevitablemente por un salón de operaciones para cumplir con las exigencias de Sousa y del evento, como fue el caso de la actual representante en el Miss Universo, Migbelis Castellanos, quien se sometió a una serie de cirugías estéticas.

Entre estas un retoque en la nariz, una liposucción en el área de la cintura y una aspiración en la parte posterior de sus piernas que le provocaron complicaciones en la sala de operaciones y pusieron en riesgo su propia vida.

Unido a ello resaltan además otros comentarios de Sousa, quien admitió en noviembre de 2013 a un periodista del diario norteamericano The New York Times que para él “la belleza interior no existe. Esos son temas que inventaron las no bonitas para justificarse”.

La frase causó controversia pues dejó en muchos la idea de que el personaje, de gran influencia en el país, fomenta la fijación de mujeres y hombres por la apariencia externa y la privilegia frente a la educación, la cultura o el crecimiento espiritual.

Por esos motivos, desde hace varios años colectivos feministas se reúnen a las afueras de la sede del canal de televisión privado Venevisión, donde se efectúa la gala del Miss Venezuela.

De igual manera son miles los padres que inscriben a sus hijas en las academias del país, como la “Universidad de la Belleza Gisselles´s”, en muchos casos con la aspiración de dar solución a problemas económicos familiares a partir de las cualidades estéticas de su descendencia.

En conversación con Xinhua, algunas estudiantes reconocieron que su sueño de ser Miss viene dado también por todo lo que ello implica, especialmente los beneficios de convertirse en figuras públicas, firmar jugosos contratos internacionales, disponer de patrocinadores y tener la posibilidad de incursionar en las pasarelas profesionales, en programas de televisión como presentadoras y hasta estrellas de cine.

El Miss Venezuela se convierte entonces en una oportunidad para quienes encuentran en la belleza física el atributo para hacerse de una carrera, efímera como reconocen la mayoría de las chicas, pero a la vez promisoria si se tiene la inteligencia suficiente para “aprovechar el momento”, indicaron las encuestadas.

Tal es el caso de Carrie Valdivieso, una pequeña de seis años, quien admitió que “quisiera ser médico pero me gustaría también ser Miss Venezuela porque sería famosa y saldría en televisión”.

A su corta edad Carrie reconoce que la fama puede ser la vía para alcanzar su meta de estudiar una carrera en una prestigiosa universidad de su país o de cualquier otro, algo que su familia de clase media baja no puede costear.

Mientras tanto, en Miami, Migbelis Castellanos se perfila como una de las favoritas en la 64 edición del Miss Universo 2014 y cada día se convierte en la síntesis de las aspiraciones de muchos padres, niñas y adolescentes venezolanas que sueñan con obtener, por encima de todo, la preciada corona.

Fuente: spanish.peopledaily.com.cn