El Arte de Dejarlo Ir.

 

Nadie pude ser retenido por la fuerza, esto es un delito nadie debe privar de libertad a otra persona u animal, recuerdo que cuando chico vivíamos en Tennessee Estados Unidos de Norte América y la propiedad que mis padres alquilaban para la familia estaba ubicada en un bosque algo retirado de ciudad, nuestros vecinos eran de diversas edades niños y niñas con diferentes corrientes de pensamiento y sus padres con distintas profesiones.

Una de ellas se llamaba Header quien era 100% de madre americana, a su padre jamás le conocí y al lado de Header vivía mi amigo Chip; quien era un chico inquieto como todos nosotros, juntos pasamos momentos memorables visitábamos un lago muy famoso de la zona donde celebrábamos los típicos días de campo con toda la familia. Siendo nosotros de El Salvador no tuvimos en nuestros primeros años mucho contacto con la naturaleza.

En una de esas salidas al campo, después de la visita al lago, descubrí por primera vez las luciérnagas insectos para mí desconocidos hasta ese momento; la fascinación fue instantánea ver a esos insectos volar e iluminar la noche fue algo espectacular lo primero que hice fue llamar a mamá y contarle de lo fascinante de mi descubriendo, por su puesto que Chip se reía de mí falta de cultura y asombro por dichos insectos voladores, a mi parecer fascinantes.

Luego de verles volar al día siguiente conseguí un recipiente transparente como un bote de vidrio, y decidí que atraparía a unos cuantos de estos insectos luminosos para mi deleite personal. Así fue salimos en horas de la noche a los alrededores de la casa que estaba un un bosque fuera de la ciudad y logramos atrapar algunos con mi amigo Chip ejemplares que colocarlos dentro del recipiente de vidrio y luego procedimos a llevarlos a casa para mostrar nuestro logro.

Lo triste fue que en el momento que cerramos el bote de vidrio donde estaban los ejemplares de luciérnagas dejaron de brillar en cuestión de minutos, toda esa belleza, toda esa majestuosidad se terminó tan pronto les privamos de libertad, al sentirse ellos y ellas atrapadas dejaron de ser quienes Dios había diseñado para brillar, iluminar, guiar a otros. Al igual que en la vida diaria tu y yo debemos aprender a dejar en libertad a quien amamos.

El arte de dejarlo ir será lo que le devolverá el brillo a esa persona o relación que ahora carece de motivación, no podemos obligar a nadie a que nos ame, no podemos obligar a nadie a ser felices a nuestro lado; pero todos tenemos la capacidad de poner en completa libertad a quienes amamos para que vuelva ese brillo natural, para que el amor fluya una vez más como raudal, no prives de su libertad a quien amas, no mates el brillo de la esperanza, no límites sus sueños. Si verdaderamente le amas déjale volar en total libertad, no límites ni su tiempo ni su personalidad.

¡Enciende una Luz! Aprende el arte de dejarlo ir.